Para los que no saben la magia que te rodea al estar arriba de un escenario, esto es lo que sentimos los actores ...
El teatro es mágico, es sagrado, no admite una actitud banal. No importa el sistema teatral que se trabaja, lo importante es la filosofía que lo sustenta y que lo hace trascendente.
El teatro es aparición, encarnación. El teatro es peligroso, como decía Ataúd, es como la peste, contagia. Es una magia.
El teatro es una profesión y un modo de vida. Es una carrera de toda la vida, no de un tiempo.
El terreno del teatro es sagrado. Uno lo pisa siente entrar en la emoción.
Todo es un viaje. Las mejores obras de teatro tratan de un viaje.
El teatro es un espacio de reflexión, de investigación, de búsqueda del ser humano y hay que aprovechar cada instante del acto teatral para investigar, para auto conocerse y conocer a fondo el personaje.
El teatro debe ser siempre un dialogo, una emanación de energías, un dar y recibir.
El actor es un visionario, un guía, le va mostrando al espectador como es cada cosa que nombra.
En el teatro todo es permitido. Un viejecito puede saltar, pues es el corazón del personaje, el actor, el que salta.
El actor debe dominar muy bien lo que hace, para despertar la atención, debe hacer muy bien lo que quiere hacer. Pero aquello que no sabe no debe hacerlo.
Hablar desde el corazón del actor, al corazón del espectador.
El trabajo de un actor es encontrarle la emoción a la escritura textual dramática.
No interpretes el texto, no lo juzgues. Descubre la emoción.
El problema no es sentirlo, si no mostrar lo que estas sintiendo. Hacerlo evidente.
Debes buscar otra escala en las emociones, mas allá del realismo.
Hay que hacer a través del ser. El ser viene del sentimiento, de la emoción, debes saber siempre desde que estado del alma cuentas una historia, y debes mostrarlo inmediatamente que apareces en la escena. Contarlo con los ojos, con la mirada, con las manos, con los pies.
Hay que recordar no el resultado del proceso de construcción del personaje, si no cual fue el camino recorrido, las imágenes y técnicas usadas, interesa el como, el medio, no el fin.
Debemos luchar contra la lentitud. Ella es uno de los demonios del teatro. La rapidez ayuda en la improvisación, calienta el alma y la imaginación.
Rechacen lo banal, lo cotidiano, lo realista. Deben buscar su personaje en la categoría de lo legendario.
Es preferible trabajar a partir de la sinceridad en el error.
No hay que saberse el texto, conocerlo si, soñarlo.
No hay que poner, hay que descubrir.
Que no halla agitación, si no medición en los gestos.
No fijen, encuentren. Hay que seguir buscando, siempre hay una puerta que se abre. El oficio del actor es el de abrir puertas al personaje, no manipularlo.
Hay que crear hasta contagiar.
Hablar directamente a alguien, al corazón de la gente.
Siempre hay que dejarse sorprender.
Mirar enseña mucho.
Se mira con el corazón.
Debes saber escuchar con el cuerpo.
Debes contar que es a ella o a el a quien amas, contar los ojos, con los labios, con las cejas.
El teatro es un estado de vida o muerte, un acto total, un acto del alma.
Andrés Perez

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